Psicólogas, neurólogas y demás profesionales de pacotilla

“Dándome un baño con aceites esenciales para que todo me la resbale”

Si con la maternidad florecen cual malas yerbas infinidad de pediatras… ni os cuento con la llegada del diagnóstico.

Con él, aparecen por doquier psicólogas, neurólogas y demás profesionales.

Y digo aparición, porque surgen tal cual entes. Emergen de todos los rincones.

Pero ya ni hablemos cuando, como en mi caso detectan un trastorno a los peques, y antes del diagnóstico final lo catalogan de “trastorno multisistémico”. 

Esto da que hablar… y mucho. 

De quien piensas hablará para bien, te juzga y critica… y de quien piensas que ni le importa, parece que de golpe tu vida privada es digna de ser cuestionada. 

Y de ambas partes te llegan regalos en forma de “consejos”. (lo pongo entre comillas porque no se si existe algún término que sea la suma de consejo+imperativo)

“a los niños no les pasa nada” “es que es una mala madre” “Es que los tiene muy consentidos” “están sobreprotegidos” “exagera las cosas” “ella hace esto… pero yo lo haría así… “ “los niños están bien, es ella la que le pone cuento”

(las frases que acaba de leer la lectora son totalmente verídicas y basadas en hechos reales)

Y como generalizar es malo, de poco inteligentes y de vanidosas. Me baso en mi experiencia personal. 

Y en la de unas cuantas que me habéis comentado lo empachadas que estáis. (digestiones que se hacen pesadas)

(En la foto Andreu, en una excursión. Buscando su espacio y relajándose a ratitos, del ajetreo del resto de niños jugando)

Servidora pensaba que carreras como la de Psicología, por no hablar de la de Neurología, eran carreras altamente complicadas. Años de arduo trabajo y horas de dedicación al estudio. 

Una Neuróloga exactamente ha de estudiar 6 cursos y superar 360 créditos.

Pues no os hacéis a la idea la cantidad de individuas que tengo cerca mío que han superado todo eso.

Quizá mis conocidas, las energúmenas, deberían cambiar de vocación y pasar de psicólogas frustradas a tertulianas. Pero claro, no seré yo quien les haga ver realmente su don.

Y yo me cuestiono, si lo mío es suerte o desdicha, por ser imán para tanta diplomada de mercadillo.

Pero vamos… desde aquí y si lo estás leyendo, y te sientes aludida, te hago llegar un mensaje:

“Ya he buscado a los terapeutas que trabajan con mis hijos. No preciso de tus pautas.  Y si, … si gastamos altas cantidades en diferentes profesionales es porque mis peques lo necesitan. No por gusto, ni vicio. Y no, no necesito tu diagnóstico. Ya tengo uno oficial. Gracias por todo. Métete en tu vida”

Harta, hartita. De dar explicaciones y justificarme. 

Mira por donde… incluso creé este espacio para poder dar visibilidad y normalizar. Y nada, que no hay manera.

El autismo es extenso, por ello se diagnostica como Espectro (conjunto variado y amplio).

Es una diversidad que muchas veces a la vista no se aprecia. “uy, pues si parece un niño normal”. (¡Zasca!)

Pero está. Y no es fácil para las familias. 

Hemos de luchar y trabajar mucho. Junto a profesionales (los de verdad) y al lado de las maestras (las reales).

Vamos a por un ejemplo

¡¡Atención!! ¡¡Invitación a un evento lúdico festivo!!

“yo lo he visto bien” “se lo está pasando bien” “no es para tanto, otros niños también están nerviosos y alterados, es una fiesta” “¿pero por qué no vais a venir?” 

En muchas ocasiones mis hijos no a fiestas de cumpleaños u otros eventos por la sobreexposición de estímulos. Pero no es solo por eso.

(En la imagen, Oriol tapandose los oídos por el exceso de ruido durante el concierto escolar de Navidad. Al momento, su maestra lo vió y le ayudó a relajarse sintiéndose acompañado y comprendido)

Hay un antes a esa fiesta, hay un durante y un después. (cosas que no se ven, y que como me decía hace unos días una amiga, solo lo vemos quienes lo padecemos en casa)

Y no solo en las fiestas. En los viajes, en los eventos, en las celebraciones, las vacaciones (incluso en casa)… después volver a la rutina de trabajar en el colegio y la jornada en casa.. no es tan fácil.

No solo les afecta a ellos, sino a todos los que formamos su día a día. Y sobre todo a mi. Que soy la que más horas estoy con ellos. 

(En la imagen, Andreu en clase leyendo junto a la maestra. Arropado por ella.)

Así que, para cualquier cambio en las rutinas, yo he de estar fuerte, para el momento y para lo que luego va a conllevar. 

Cuando viven algún cambio, pasan días hasta conseguir volver a la normalidad.

Lo notan y trabajan en el colegio. Lo ven y lo tratan en las terapias. Y lo llevo y sobre llevo yo durante el día a día.

Alteración del sueño. Excitación. Rabietas. Conductas negativas en la escuela. y un variado etc.. que es cambiante. Al que nos enfrentamos en la medida de lo necesario. (y eso lo decidimos en casa. En familia.) 

(Entre risas pero sin hacernos nada de gracia, acepto tu terapia con café mami TEA. Te hago un guiño “justament avuí hem parlat”)

¿Qué valoramos o valoro? 

Si vale la pena exponernos o no, si los vemos preparados o no y como estoy yo (o nosotros).

Si acabamos de salir de una, me es imposible meterme en otra. Porque he de estar fuerte para mis hijos, y no siempre es fácil (la carga psicológica a veces pesa mucho. El miedo al mañana, las frustraciones, todo el trabajo que se lleva a cabo, terapias, traspasos… y la carga física: cansancio por falta sueño, agotamiento, cervicales, estrés… ) . 

Muchas veces comparo a mi unidad familiar con una burbuja. Vamos los 4 de la mano. Preparamos a nuestros peques para todo lo que se sale de las rutinas, y atendemos sus necesidades. Ellos se sienten así, somos su zona de confort.

Pero aún así, no es fácil. 

Viajamos, por ejemplo, sabiendo nuestras limitaciones. Controlando los tiempos. 

Ya haré la entrada de Disney, pero para que os hagáis una idea: 4 de los 5 días que estuvimos en el parque regresamos al hotel después de comer. Decisión que nos va bien a todos.

O el Carnaval, que fue hace dos días, pues el cambio de las clases en el colegio para preparar sus disfraces. Los nervios previos al día del desfile. El salirse fuera de lo normal e ir medio disfrazados todos los días de la semana.

Estas pequeñas cosas se han visto reflejadas en diferentes conductas de los peques. Oriol estaba irritable y con los sentimientos a flor de piel con sus compañeros. Andreu se niega a ir al colegio. Oriol vuelve a tener miedo y se niega a dormir en su habitación. Hasta quiere que se le acompañe al wc en pleno día. Andreu va más descontrolado y deja de estar tan presente y aumenta su escapismo en la calle (mil ojos son pocos y el estado de tensión es durillo)…. 

Y vamos sobrellevando los cambios. Salimos de la normalidad… volvemos. Superamos. Saltamos. Avanzamos…. No es inllevable, pero no es fácil de llevar. 

Así que cada vez que escucho algo del estilo: “pues yo lo he visto bien, tampoco es para tanto” 

Os confieso que ante las del número de colegiado lleno de ceros, siempre me muerdo la lengua. Pero hoy lo dejo aquí por escrito y se la saco!

Y como dice una de mis chulapas preferida… y es que encima muchas son de las de “consejos vendo que para mi no tengo”.

mamae

Soy mamá de dos hermosos gemelos de 7 años. Tienen autismo, así que lucho para dar visibilidad y normalizar esta condición. Y lo hago mostrando nuestro día a día ;-)

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