Neonatos. De acampada en en el vestíbulo

Capítulo 9

“De acampada en el vestíbulo”

Os aseguro que es un título muy realista. Así lo viví.

Di a luz la madrugada del 2 de Diciembre, y a pesar de haber pasado por dos partos (vaginal y cesárea) y de tener a mis peques en la unidad de neonatos, a los 2 días me estaban dando el alta. Como marca el protocolo.

Remonto al día del parto.

Al despertarme en la habitación, rodeada de mi marido y mis padres, me entró una prisa enorme por ver a mis hijos.

-Has de recuperarte de la anestesia y los partos-. Me decían las enfermeras.

Pero os aseguro que a cabezota, tozuda y persistente, no me gana nadie.

Así que al final conseguí que pasase una doctora a visitarme y negoció conmigo que: en cuanto bebiese agua, orinase, me comiese una galleta María y la tolerase, me dejaría levantarme de la cama.

Hice exactamente eso en 10 minutos.

Pero cuando me fui a incorporar para ir al baño, no pude ni poner la espalda recta, ni casi tocar con los pies en el suelo.

– Ves? – me dijo la enfermera mientras me ayudaba a ir al lavabo.

Y yo, a pesar de que en aquel momento era una mezcla entre cuasimodo y un cetáceo, aún podía ser hábil de mente.

Y rápidamente, sentada en la taza del váter, le pedí que se fuese a buscarme una silla de ruedas.

Quería ir a darle el pecho a mis hijos. Quería verlos. Quería pegármelos piel con piel y que notasen el latido de mi corazón. Susurrarles que mamá estaba cerca.

Sufrí cada minuto que pasé separada de ellos en esa habitación, como algo desgarrante.

Como si estuviese abandonando a mis dos hijos, mis peques que habían estado casi nueve meses calentitos creciendo dentro de mi.. ahora su madre estaba tumbada en una cama y ellos en dos incubadoras. Separados de mi. Separados entre ellos.

Me urgía esa silla. No era broma. Yo hay con cosas que no bromeo.

Y ese fue mi mejor regalo. Ni bombones, ni flores, ni tartas de pañales, ni unos cds de canciones relajantes que aún no se quien me los regaló. Mi mejor regalo fue esa silla!!

No podía ponerme recta, y no habían ni pasado 5 horas de los partos. Pero no me dolía nada! (o quizá todo el cuerpo, pero el dolor del corazón pesaba más)

Neonatos

Mi marido ya había estado en con ellos, y me explicaba lo preciosos que eran, y lo chiquitillos. Me decía que los podía sujetar con una mano. Y que eran muy muy suaves. Y yo ni le escuchaba, miraba el brillo de sus ojos.

(envidia y celos, porque conmigo no se le pone esa luz)

Y al bajar a la sala, y verlos en esas incubadoras que me parecieron tan frías, se me partió el alma. (aunque he de reconocer que fue la primera sensación. Que el personal fue maravilloso, el trato muy muy bueno, y luego el sitio no te parece tan frío).

Me puse a llorar, llore de pena, de alegría, una mezcla. Abrí las incubadoras y los cogí, me los coloqué a los dos sobre mi  pecho, y lloré desconsoladamente. Había creado a esos dos hombrecitos, y por primera vez sentí algo que creo que nace justo en esos momentos, cuando tienes por primera vez a tus hijos en brazos. Amor incondicional.

Las primeras tomas de la leche materna las hicieron por una vía, porque el reflejo de succión no lo tenían aún. Así que yo me estimulé la subida de leche con el sacaleches. Y cada 4 horas rellenaba mini potecitos.

(como curiosidad, el sacaleches era doble. Menos mal, porque os aseguro que fueron unas semanas muy agotadoras).

A los 3 días ya tomaban el pecho directamente. Y no sabéis como agradezco el gran trabajo que hicieron conmigo las enfermeras. Recuerdo con mucho cariño a una, de avanzada edad, que me decía. “Si ves que al niño se le mete hacia adentro los carrillos, como cuando chuclas con una cañita un refresco, lo está haciendo mal. A de mamar con un movimiento de toda la boca, verás como la mandíbula se mueve de una manera natural.

Si lo haces mal, hará que se te agrieten los pezones y la subida de leche no será tampoco la buena”.

Pues digo que me acuerdo con cariño, porque luego di el pecho casi dos años a mis hijos y sin ningún dolor o problema.

En aquel momento, mientras esa mujer insistía en hacerme aprender, yo lloré mucho.

Me daba igual si me salen grietas!! Mi hijo se acaba de enganchar! Con lo que le cuesta! Ha de comer, a de engordar, quiero que nos vayamos a casa!

Ella, cuando veía que el peque sorbía en vez de mamar, separaba su cabecita de mi pecho. “Inténtalo otra vez, Eva”

En nada los pasaron de las incubadoras a unas cunitas. Y a Andreu le hubiesen dado el alta a los días. Pero como Oriol estaba en bajo peso, debía ganar unos cuantos gramos para poder marcharnos. Y por seguridad, ambos se quedaron allí. No podíamos estar desplazándonos cada día con un bebé prematuro al hospital. Así que el plan fue, que al segundo día cuando me dieron el alta, nos fuimos a casa de mis padres.

Una sensación horrible que recuerdo, es irme del hospital, salir sin mis hijos. E ir a mi casa, abrir la puerta, y no entrar con ellos. Saber que dormirían en una sala de neonatos solos. Lloré todo el camino.

Preparamos unas maletas y volvimos a Barcelona para dormir.

A las 7 de la mañana cada día estábamos en el Hospital, cogíamos el metro bien temprano. Soportaba entre dolor y agradecimiento, que todo el mundo me cediese su asiento, porque la verdad es que parecía que estaba embarazada, y que iba a saber la gente!.

Pero..  de gente que si lo sabía…aguanté bromas del estilo de: “que! que tienes a las niñas dentro?”  Aquí dentro no tengo nada, solo un corazón partido porque mis hijos están aún en el hospital, desconsiderado!. (no lo dije, pero ahora creo que si contestaría.)

Daría esas y otras muchas contestaciones. No aguantaría ni una. A nadie. Era mi embarazo, mi parto, mis primeros días, meses,.. de maternidad,.. a día de hoy, y sabiendo lo que se.. os aseguro que cambiaría muchas cosas.

Bueno.. continuo que me enciendo. 😉

A las 7h de la mañana estábamos en el hospital y nos íbamos a las 21h de la noche. La rutina era entrar y salir de la sala de neonatos. Pecho a demanda. Si cualquiera de los dos peques lloraban, las enfermeras me llamaban al móvil y yo entraba corriendo. Les daba el pecho, junto con mi marido les cambiábamos los pañales, la ropita, … hacíamos un ritual de pesarlos, antes y después de cada toma, y lo debíamos apuntar en unas tablas, junto con la temperatura. y cuando se quedaban dormidos volvíamos a salir. A la sala de espera.

Neonatos

Mi abuela, esa que veis muchas veces en los stories, la que el otro día me doblaba la ropa en casa y me reñía por tener muchos calcetines desparejados… pues ella, cada día venía al hospital sobre las 10h de la mañana y nos traía bocadillos para almorzar, y fiambreras con comida caliente para la hora de la comida. Era Diciembre, y mi abuela cocina unas lentejas que a cada cucharada escuchas canticos angelicales! ( os juro que no exagero. Como buena asturiana creo que se encomienda a la Santina a cada puñado de lentejas que pone en la olla). Y así de divinas le salen!

Cómo lo agradecí!! Potajes, sopitas, cremas… primero, segundo y postre! Os lo podéis creer??

Ay!! Las abuelas!!

Suerte que en el vestíbulo del hospital hay muchas zonas de grupitos de sofás/butaca. Allí acampábamos con nuestro picnic. Mantel incluido.

Eran butacas medio decentes, así que incluso podía echarme alguna cabezada, antes de volver a entrar a la sala de neonatos.

Y cenar.. pues cenábamos en casa de mis padres. Y luego, pues cada 4 horas me despertaba y me pasaba como 30min entre ponerme el sacaleche, sacarme la leche, y guardarla en la nevera.  Así que dormir, dormir… poco.

Valían la pena todos los esfuerzos.

Así 14 días… y a casa!!

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mamae

Soy mamá de dos hermosos gemelos de 8 años. Tienen autismo, así que lucho para dar visibilidad y normalizar esta condición. Y lo hago mostrando nuestro día a día ;-)

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